¿Por qué considera que la ciudadanía debe ser la meta de todo inmigrante?
Abraham explica que, en su opinión, la ciudadanía es el objetivo final del camino migratorio. Cuando logra que un cliente obtenga la residencia, siempre le recuerda que ese no es el destino final, sino una etapa. Les dice: “Nos vemos en cinco años o en tres, según el caso”. La naturalización, dice, representa estabilidad, oportunidades y la culminación del esfuerzo que los inmigrantes hacen al establecerse legalmente en los Estados Unidos.
¿En qué consiste el proceso de naturalización y quién califica?
El proceso está reservado para quienes ya son residentes permanentes. En la mayoría de los casos, se requiere haber tenido la residencia por cinco años antes de poder aplicar, aunque existe la posibilidad de hacerlo tres meses antes de cumplir ese plazo. Hay excepciones importantes: quienes están casados con un ciudadano estadounidense pueden solicitarla tras tres años de residencia, y quienes sirven en el Ejército de los Estados Unidos pueden hacerlo incluso después de un año. Abraham insiste en que no hay que temerle al proceso; la clave es prepararse con anticipación.
¿Cuál es la diferencia entre residencia permanente y ciudadanía estadounidense?
La residencia permite vivir legalmente en el país, pero no otorga todos los derechos ni la seguridad que ofrece la ciudadanía. Muchas personas pasan décadas como residentes sin naturalizarse, y descubren tarde que sin ciudadanía pierden beneficios como el Seguro Social o la posibilidad de vivir fuera del país sin riesgo de perder su estatus. En cambio, la ciudadanía te convierte, prácticamente, en un estadounidense con plenos derechos y permanencia garantizada.
¿Quiénes son elegibles para solicitar la naturalización y qué se necesita?
Abraham detalla que los solicitantes deben haber cumplido con los años de residencia requeridos (cinco, tres o uno, según su caso) y demostrar buen carácter moral. Además, deben aprobar un examen que evalúa conocimientos de historia, civismo y dominio básico del inglés. Aunque recientemente se han hecho ajustes al examen, asegura que no hay motivo de alarma: el cambio solo implica un poco más de estudio. Su consejo es mantener una rutina diaria, estudiar poco a poco y no dejarse intimidar por el idioma.
¿Qué significa tener “buen carácter moral” y por qué es importante?
El buen carácter moral va más allá de no haber cometido delitos. Involucra cumplir con las obligaciones fiscales, declarar impuestos correctamente y no tener deudas pendientes con el gobierno. Abraham advierte que incluso una omisión en los impuestos puede afectar una solicitud. Por eso recomienda hacer una consulta legal antes de aplicar, para asegurarse de cumplir con todos los requisitos y evitar sorpresas desagradables.
¿Existen excepciones para personas mayores o con condiciones médicas?
Sí. Si una persona tiene una condición médica o mental que le impide estudiar o aprender un nuevo idioma, puede presentar un certificado médico que justifique su situación. En esos casos, el examen puede ser eximido. También hay opciones para quienes tienen muchos años de residencia y cierta edad: quienes tienen 50 años y 20 años de residencia, o 55 años y 15 años de residencia, pueden hacer el examen en su idioma. Abraham recalca que en estos casos es vital hacerlo con un abogado para evitar errores en la documentación médica o en la interpretación de las excepciones.
¿Cómo afectan los antecedentes penales, los viajes largos o los impuestos no pagados a una solicitud?
Algunos delitos graves pueden descalificar permanentemente al solicitante, aunque son la minoría. En otros casos, si ha pasado suficiente tiempo —usualmente cinco años—, la persona puede volver a ser elegible. Si hay impuestos pendientes, lo importante es tener un plan de pago activo con el gobierno y demostrar que se están cumpliendo los pagos. En resumen, el problema no es deber, sino no pagar.
¿Cuáles son los errores más comunes que causan retrasos en las solicitudes de ciudadanía?
Uno de los errores más graves es no revelar toda la historia migratoria o mentir por omisión. Abraham explica que el sistema actual escanea y cruza información de archivos viejos, incluso de hace décadas. Una pequeña discrepancia entre una visa de turista solicitada hace 20 años y una aplicación actual puede causar problemas. Por eso insiste en guardar todas las copias de solicitudes anteriores y compartirlas con el abogado antes de iniciar una nueva aplicación. Las computadoras, dice, “son muy chismosas”, y los algoritmos detectan hasta las contradicciones más pequeñas.
¿Cómo prepara a sus clientes para la entrevista y el examen cívico?
La preparación empieza desde el día que se aplica. Abraham recomienda estudiar todos los días durante los meses de espera antes de la entrevista, al menos 10 o 15 minutos diarios. Asegura que el examen es uno de los más sencillos del mundo, ya que las preguntas y respuestas están disponibles públicamente, y existen múltiples recursos gratuitos en línea y en YouTube. La clave, dice, está en la constancia.
¿Qué consejo le daría a alguien que es elegible pero ha estado posponiendo el proceso?
Su mensaje es claro: háganlo ya. No esperen más ni dejen que el miedo los detenga. Incluso si tienen dudas, deben avanzar “con un poquito de miedo, pero hacerlo”. Abraham comparte que ha visto casos donde él mismo dudaba que sus clientes aprobaran, pero la disciplina y el deseo de lograrlo los llevaron al éxito. Convertirse en ciudadano, concluye, no solo es un trámite, sino una meta que simboliza libertad, estabilidad y el cierre de un ciclo de esfuerzo y superación.





